PAUTAS PARA CUMPLIR LOS PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO

El secreto del éxito es la constancia del propósito (B. Disrael)

Al término de un año y comienzo de otro es inevitable hacer balance de aquello que hemos hecho y de lo que nos queda por hacer; y es por eso que muchos de nosotros hacemos propósitos de año nuevo.

Los propósitos son promesas que nos hacemos a nosotros mismos y la mayoría tienen que ver con cambiar nuestro estilo de vida o alcanzar metas.

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Lo difícil es cumplir esa promesa, por eso casi todos los años suelen tener los mismos matices: aprender idiomas, ir al gimnasio, perder peso, dejar de fumar… Este post lo dedico a dar pautas para poder alcanzarlos.

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Lo primero, tenemos que saber es qué queremos cambiar y para qué. El para qué es muy importante, pues todo lo que hagamos tiene que tener un fin. Muchas veces no somos capaces de cumplir nuestras promesas porque no son útiles para nuestra vida.
Por ejemplo, aprender inglés nos viene a todos muy bien, pero si eres una persona que no viajas,no lo necesitas en el trabajo y además no te gustan los idiomas,te aseguro al 100% que no vas a cumplir tu propósito.

El segundo paso es saber qué nos gusta. Sí, a todos nos conviene hacer deporte, aprender idiomas, hacer un curso de informática… Pero si te propones ir a correr o ir al gimnasio y odias estas dos modalidades de deporte, que ninguno de estos sea vuestro propósito porque será otro fracaso asegurado. Para gustos, deportes; así que habrá que encontrar aquel que se acomode mejor a nosotros. Lo mismo ocurre con los idiomas: si quieres aprender uno, mejor aquel que te guste y no el inglés porque sea el idioma impuesto (a no ser que lo necesites en tu vida).

Otro aspecto muy importante es ponerse metas realistas. Os recomiendo huir de aquellos cursos que os garantizan aprender inglés en 6 meses. Es mentira, nadie aprende a hablar inglés en 6 meses. Si os ponéis esa meta, os daréis cuenta de que no se puede cumplir y lo más seguro es que os desmotivéis. Tampoco vais a perder 10 kilos en un mes ni hacer deporte 5 días a la semana.

Esto hay que sacárselo de la cabeza, pues crea expectativas muy difíciles de alcanzar y volveremos a la desmotivación. De verdad, si yo hubiese empezado a correr por los resultados que tendría, lo hubiera dejado. De hecho hoy en día me veis, y no pensareis que corro, pero me hace sentir bien que para mí es lo importante.

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Soy de la opinión de que los cambios en la vida se hacen de manera lenta, sin prisa pero sin pausa. Los comportamientos radicales de ir 8 horas al gimnasio a la semana sólo llevan al fracaso, pues cualquier persona se aburre de dedicar tanto tiempo a lo mismo. Lo que hay que intentar es introducir poco a poco nuestro propósito.

Por ejemplo, yo cuando empecé a correr fue un cambio muy lento pero seguro. Me puse pequeñas metas alcanzables. Lo primero era ir a correr una vez a la semana 20 minutos (si algún día paraba a andar no pasaba nada), esta fase fue la más difícil. Una vez cogido este hábito, intenté ir dos veces por semana, correr mínimo 30 minutos, y cada vez se hacía más fácil. Esto me llevó su tiempo, si no recuerdo mal unos 6 meses.

Cada paso que demos, tenemos que premiarnos. Por ejemplo,si hemos conseguido hacer deporte un día a la semana el primer mes podemos comprarnos una prenda de ropa que nos guste.

Se trata de ponernos las cosas lo más fáciles posibles. Tener la academia o el gimnasio cerca de casa, que no tengamos que coger el coche. Yo voy a correr al lado de mi casa, así en los días que tengo más pereza las excusas prácticamente no existen. También, si llevamos 5 años sin tocar el inglés y nos vamos a apuntar, que sea en un nivel por debajo del que lo dejamos, pues así repasamos al principio, que es más fácil repasar que aprender. Si por el contrario, nos metemos en un nivel más alto del que nos corresponde, nos vamos perder en clase, nos desmotivaremos y lo dejaremos.

También tenemos que ser flexibles. Si un día no podemos hacer deporte, estamos enfermos o hemos tenido un mal día, podemos posponerlo con la condición de recuperarlo. Si lo hacemos de mala gana, no va a salir bien y nos vamos a disgustar.

Y es muy importante no meternos presión. Aquello que se haga con presión lo más seguro es que no salga bien. Añadimos una tensión negativa, que en nada ayudará a conseguir el propósito.

En resumen: elegir propósitos que nos gusten y que nos sean útiles. Tener expectativas realistas. Ir sin prisa pero sin pausa. Premiarnos cuando nos vayamos acercando más en nuestra meta. Ponerlo lo más fácil posible.

Os sugiero estos propósitos para el 2016:

¡¡Muchísimas gracias por leer y hasta la próxima semana!!

Os deseo un muy feliz 2016.

LA VASIJA AGRIETADA

“Solo aquello que uno ya es tiene poder curativo” Jung   

(Os transcribo el cuento para aquellos que prefieras leer, no os olvidéis mi reflexión)

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua hasta el final del largo camino a pie que iba desde el arroyo hasta la casa de su patrón. Sin embargo, la vasija rota sólo llegaba con la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente. Desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: 

–   Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo, porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.

El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente:

–  Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.

Así lo hizo la vasija. Y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, aunque de todos modos se sintió apenada porque al final sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces:

        ¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y durante dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi madre. Si  no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.

(Anónimo)

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Todos tenemos nuestras cualidades y nuestros defectos (sí, hasta los que dicen ser perfectos). Por suerte, cada persona posee unos diferentes, lo cual significa que somos distintos y que podemos aprender unos de otros. Toda luz proyecta una sombra. Así que en cada sombra, en cada defecto, hay una luz, una virtud iluminando. Esto significa que tenemos que aceptarnos como somos, y que cada cualidad y cada defecto son dos caras de una misma moneda.

Para ver esto más claro pensemos ¿quién no tiene algún defecto físico o algún aspecto de su personalidad que le gusta menos?

En cuanto a los defectos físicos (a no ser que tengamos algún problemilla de nacimiento) son relativos. Relativos en el sentido de que los cánones de belleza han ido cambiando a lo largo de la historia, y lo que ahora son unos kilitos de más, antes era la belleza buscada. Por lo que hay que darles la importancia justa.

Podemos hacer ejercicio para encontrarnos mejor (tanto física como psicológicamente) llevar el tipo de ropa de nos sienta mejor… Pero todo para gustar a la persona más importante, a nosotros mismos.

Y lo mejor es que “entre gustos no hay disgustos”, y lo que no le guste a una persona le va a gustar a otra.

La mayoría de las veces ese defecto sólo lo vemos nosotros. Como podemos ver en el anuncio de Dove, en este experimento queda claro que defectos que nos vemos, los demás no los perciben.

Lo importante es aceptar los defectos y hacerlos nuestros, pues es una parte de nuestra identidad. Por ejemplo Rossy de Palma (todos sabemos que no es la más guapa) ha sabido sacar lo mejor de sus defectos, y ha sido imagen de firmas importantes.

Aceptarnos como somos nos va a ayudar a potenciar nuestras virtudes. Sólo cuando nos hayamos aceptado (que no significa resignarnos) podremos dejar de luchar contra ellos. Es una energía perdida, pues no vamos a crecer o dejar de tener pecas. Esa energía la utilizaremos para fortalecer lo bueno que tenemos, y los defectillos pasarán desapercibidos.

También solemos tener algún rasgo de nuestra personalidad que nos gustaría cambiar. Lo importante es no justificarnos y quedarnos en el “es que yo soy así” “al que no le guste que se aguante”. Se trata de admitir aquello que queremos mejorar y comprometernos con nosotros mismos para ir consiguiéndolo.

Tenemos que identificar en qué momentos sacamos ese defecto y pensar qué otras opciones más adecuadas hubiera habido. En aquellas ocasiones que seamos capaces de manejar mejor ese rasgo premiarnos y decirnos que somos capaces de hacerlo.

Lo importante es empezar y ver que podemos comportarnos de otras maneras, así tendremos más opciones para reaccionar.

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Uno de los errores que solemos cometer, y que nos impiden aceptarnos es la comparación con los demás. Es un error muy grande, pues prestamos más atención a los demás que a nosotros, y lo más seguro es que encontremos a alguien mejor y que perdamos. Además, siempre veremos aquello que no tenemos en los demás. Podemos fijarnos en los otros pero con el objetivo de aprender de ellos, no de ver qué tienen ellos que no tengamos nosotros.

Os recomiendo hacer un listado de adjetivos y que marquemos unos 15 buenos y 5 malos, ya que todos funcionamos con más cualidades.

Una vez reconocido algún defectillo seguir las pautas de arriba y conseguir sacar lo mejor de nosotros.

Muchísimas gracias por leer y hasta la próxima semana!!

El árbol de los problemas

Si tienes un problema que no tiene solución, ¿para qué te preocupas? Si tiene solución, ¿para qué te preocupas? (Proverbio chino)

 

 

(Lo transcribo para aquellos que no puedan ver el vídeo o prefieran leer, no os olvidéis de la reflexión más abajo)

El carpintero que había contratado para que me ayudara a reparar una vieja granja,  acababa de finalizar un duro día trabajo. Su cortadora eléctrica se estropeó y le hizo perder una hora de su trabajo, y su antiguo camión se negaba a arrancar. Mientras lo llevaba a su casa, se sentó en silencio.

Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.

Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación: su bronceada cara estaba con una inmensa sonrisa. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente, me acompañó hasta el coche. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que le había visto hacer un rato antes.

        ¡Oh! Ese es mi árbol de los problemas -contestó-. Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa ni a mis hijos. Así que, simplemente, los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego, en la mañana, los recojo otra vez. Lo divertido es –dijo sonriendo- que cuando en la mañana a recogerlos, ni remotamente hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.

(Jorge Bucay)

Muchas veces salimos del trabajo después de una mala jornada y con muchos problemas sin resolver. A esto, hay que añadir la situación económica por la que estamos pasando, como el hecho de tener un contrato temporal o ver que la empresa no va bien. Esta incertidumbre sobre el futuro puede aumentar nuestro malestar.

Me imagino que esta situación os resulta muy familiar, ya que en numerosas ocasiones estos problemas nos impiden disfrutar de nuestros seres queridos o de momentos de relax o, incluso peor, estamos pagando nuestros problemas laborales con alguien que no tiene la culpa.

También nos puede suceder que no podemos conciliar bien el sueño, pues no dejamos de dar vueltas en la cabeza a estas dificultades, y además, por la noche todo se ve más “negro”.

cuelga tus problemas

Seguramente muchos de vosotros no tendréis un árbol en vuestra casa en el que colgar los problemas, pero eso no es excusa para no dejar los problemas a un lado.

Aquí os expongo un método para poder lidiar con esta situación, sobre todo en aquellas épocas de más estrés laboral:

–     Hacer una lista de los problemas surgidos que no hayamos resuelto. Al escribirlos  los iremos sacando uno a uno y evitaremos el amontonamiento de pensamientos en la cabeza.

–      Una vez escritos veremos que no son tantos, y seguramente la mayoría se solucionarán sin problemas.

–      Con la lista escrita, hacemos un acto simbólico sacando los problemas de la cabeza y  dejándolos en la libreta. Así sabemos dónde los tenemos para al día siguiente (no se van a ir a ningún sitio) recuperarlos y poderlos solucionar en la jornada laboral. Paradójicamente serán más livianos y fáciles de resolver.

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No consiste en poner la mente en blanco, sino en aparcar los problemas durante un rato y volveros a retomar en el momento adecuado. Por la noche, en la cama, es difícil que podamos dar una solución a ese problema. En cambio, a la mañana siguiente en la oficina tendremos las herramientas para resolverlo.

Como veis la pre-ocupación (lo pongo así para que entendamos mejor la palabra) tiene su parte positiva, pues nos hacemos responsables de esa situación. El problema está cuando la pre-ocupación afecta a otros ámbitos de la nuestra vida o nos quedamos en la pre-ocupación y no nos ocupamos del problema.

¿Vosotros tenéis algún otro truco para desconectar de los problemas durante un rato?

Muchísimas gracias por leer y nos vemos la próxima semana!!!

El poder de las palabras que utilizamos

“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo” L. Wittgenstein

Todos nos comunicamos con nosotros mismos a través de un diálogo interno. Estamos casi siempre contándonos un “cuento”, que normalmente suele tener aspectos que se repiten.

Este diálogo interno es muy importante, pues determina nuestro estado de ánimo y nuestra conducta. Por lo tanto también determina nuestro nivel de autoestima. Es como hablar con nuestro Pepito Grillo.

Pepito grillo

Lo importante es el tono en el que mantenemos este diálogo, si es positivo o negativo.

Muchas veces tenemos un diálogo con nosotros mismos negativo, que nos hace sentirnos tristes y nos impide realizar actividades o enfrentarnos a situaciones.

Por ejemplo, en el cuento del elefante encadenado, el elefantito se decía constantemente “no puedo con la estaca”, entonces no lo intentaba.

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   En numerosas ocasiones podemos ser conscientes de decirnos:

 “No voy a aprobar”

 “Lo he hecho todo mal”

“He aprobado el examen, cualquiera lo hubiera hecho”

“Tiene cara de enfadada, seguro que hecho algo que le ha molestado”

Este sería nuestro Pepito Grillo malo.

Este tipo de mensajes que a veces nos enviamos no nos ayudan en absoluto, nos echamos tierra encima.

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De lo que se trata es de hacernos conscientes de estos mensajes y no darles mucha cancha en nuestro pensamiento porque nos termina minando nuestra autoestima.

Como decía el abuelo de una amiga:

“Llámate guapa, que fea ya te llamarán”

Tenemos que procurar tener un diálogo interno positivo, para ayudarnos a superar barreras que nos presenta la vida y así tener una autoestima más alta.

Para esto tenemos que ser conscientes de estos pensamientos que nos atormentan, y rebatirlos con pensamientos racionales:

“Lo he hecho todo mal” No es racional. No hacemos todo mal, siempre hay algo, hasta en el peor de los casos, que hemos hecho bien. Y si nos ponemos tan drásticos como esta frase, de tal mal que lo hemos hecho no estaríamos vivos, jeje.

“Tiene cara de enfadada, seguro que he hecho algo que le ha molestado” Lo más seguro es que no sea así, no eres la culpable de las cosas que le pasen a los demás. Hay muchísimas razones por las que nos podamos enfadar. Si piensas en algo concreto que ha podido desencadenar su enfado lo mejor es preguntar.

 “He aprobado el examen, cualquiera lo hubiera hecho” No damos importancia a aquello que hemos conseguido. Hay que valorar aquellas cosas que hacemos bien. Además siempre habrá algún asiático que lo haga mejor que yo, jeje.

“Voy a suspender el examen” Te pones en una situación en la que da igual qué hacer, estás desmotivado. ¿Para qué te vas a molestar si al final voy a suspender? Entonces claro que suspenderás.

Es más racional pensar que si estudias y te esfuerzas lo más seguro es que lo apruebes como otros muchos exámenes que has superado en tu vida. Si al final apruebas el examen, que por estadística si te esfuerzas hay más probabilidades, tu autoestima aumenta porque te ves capaz de superar pruebas.

Pero esta conversación interna no se queda ahí. Al final terminamos transmitiéndola a los demás a través de nuestras palabras. Por ejemplo, una persona insegura no dejareis de oír: “no sé” “creo, pero no sé” “pues…” “en principio sí” Creando dudas sobre su confianza.

En otros casos, cuando sólo nos “ponemos pegas” o somos demasiado exigentes con nosotros mismos, se ve una intransigencia con los demás. Esto derivará en unas relaciones interpersonales conflictivas y creará mal ambiente.

 El hecho de ir haciéndonos conscientes de nuestro lenguaje y las palabras que utilizamos e ir transformándolas en mensajes positivos nos ayudará a nosotros mismos y a los demás.

Mejorará nuestra calidad de vida en todos los ámbitos. Al sentirnos más a gusto con nosotros mismos y tener una autoestima más alta, seremos más capaces de deshacernos de aquellas personas que no suman en nuestra vida.

En nuestra familia y en el trabajo enviaremos un mensaje más positivo, y en muchas ocasiones aquello que proyectamos vuelve a nosotros.

Os pongo un vídeo de un profesor (dura 2 minutos y esta subtitulado para que no perdáis detalle) que dedica los primeros 10 minutos de clase para dar mensajes positivos a sus alumnos. Mira que ocurre:

Como veis tener y transmitir un mensaje positivo es muy importante. En el aprendizaje se ha demostrado que tener una experiencia positiva en la escuela ayuda al aprendizaje. Pero cuando algo no se entiende lo mejor es explicarlo, pero sin quedarnos en el error ni machacar al alumno.

Esto también se puede trasladar al ambiente laboral. Si tenemos un jefe que sólo sabe decirnos aquello que hacemos mal, porque su afirmación es “porque las cosas bien hechas y punto”, y si están bien hechas no hay que decirlo. Al final se crea un ambiente laboral más hostil en el que el trabajo bien hecho no tienen importancia y te desmotivas. También está demostrado que un equipo de trabajo en el que se enfatizan los aspectos positivos está más motivado y  tiene mejores resultados.

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Esto no significa que no haya que decir aquellas cosas que están mal hechas o que nos hayan “sentado mal”, dedicaré un post a la asertividad. Quiero decir que el mensaje general tiene que tener una connotación positiva y no quedarnos en los errores.

Como conclusión, el lenguaje que utilizamos con nosotros mismos y con los demás es el mismo. El lenguaje genera una realidad, crea un ambiente. Por lo tanto, las palabras que utilizamos son muy importantes y tenemos que ser consciente de ellas para que sea nuestras aliadas y no nuestras barreras.

Espero que os haya gustado. Iremos indagando más sobre estos temas, pero así empezamos a ser conscientes de que nos decimos y que impacto puede tener.

 Muchísimas gracias por leer y hasta la próxima semana.

Cuando las emociones se manifiestan en el cuerpo

“Sin salud mental, no hay salud real”

   Ya venía diciendo Hipócrates que la causa de algunas dolencias corporales no se haya en el plano físico. Él por esa época nos hablaba de los humores, pero hoy en día se habla de las emociones y su materialización en el cuerpo.

    Ya hemos hablado de la importancia que tienen las emociones en nuestra vida y de cómo a través de ellas podemos gozar de mejor salud mental. Sin embargo, no hay que olvidar que conseguir un bienestar emocional nos ayuda a tener mejor salud física.

       Si habéis leído post anteriores sabéis que las emociones se manifiestan en el lenguaje corporal. Sin embargo, las emociones no se quedan ahí, sino que también se somatizan en dolores, sobre todo cuando no existe un equilibrio entre las mismas.

     La ansiedad, el estrés y la tristeza, principalmente, nos alteran tanto psicológica como físicamente. Nos provocan dolores de cabeza, de espalda, problemas gastrointestinales… Un sinfín de malestares que no tienen una causa física, pero que prevalecen.

      Para evitar que estas dolencias aparezcan o nos empiecen a interferir en nuestra vida lo mejor es prevenir. Os voy a proponer 2 actividades que he probado personalmente y que avalo.

Respirar

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         La primera es aprender a respirar. Parece una tontería, ¿quién no sabe respirar? Respirar sabemos todos, pero respirar bien no. Hay que respirar de forma tranquila con el vientre, de tal manera que la caja torácica no se mueva. Como todo en esta vida, aprender la respiración abdominal lleva su práctica. Lo mejor es comenzar en momentos en los que estamos tranquilos de manera que podamos hacernos conscientes de nuestra respiración. Además, podemos posar la mano en el vientre para verificar que lo estamos haciendo de la manera correcta. Una vez dominada esta técnica en estas situaciones, vamos a trasladarla a diferentes situaciones de nuestra vida, y veréis como esta respiración pausada y abdominal nos va a ayudar a oxigenar mejor.

Por cierto, una curiosidad sobre esta respiración: al tener la respiración más cerca de nuestro centro de gravedad estaremos más estables físicamente pero también psíquicamente.

Ejercicio físico  

 Otra actividad es hacer ejercicio. No estamos hechos para el sedentarismo, y tanto nuestro cuerpo como nuestra mente nos piden actividad física. Lo que pasa es que muchas veces somos muy cómodos, y ¿a quién le apetece ponerse el chándal y salir a correr pudiendo estar en el sofá viendo una película? Por eso esto requiere un esfuerzo, pero sólo hasta que lo tengamos como hábito. Sin ejercicio no solo nuestros músculos se atrofian sino también nuestro cerebro. Además, hacer ejercicio mejora nuestra condición física y ayuda a aumentar nuestra autoestima, sintiéndonos mejor con nosotros mismos.

correr

        Comencé a correr hace unos dos años, y desde entonces no puedo vivir sin correr. El principio fue duro, ya que vivo en una ciudad que hace mucho frío y apetece muy poco salir de casa. Pero me armé de valor y empecé a ponerme metas muy asequibles, como correr un día a la semana 15 minutos. De esta manera, fui logrando alcanzar estos objetivos y superarlos, hasta que a día de hoy corro unos 3 días a la semana mínimo 35 minutos cada día.

             El truco está en comprometerte contigo mismo con metas que sabes que puedes lograr, nada de “voy a ir todos los días al gimnasio a partir de ahora”. Este tipo de compromiso sólo lleva al fracaso, pues  cualquier persona se aburre de ir todos los días. Tampoco hace falta ir a correr, también puedes practicar otro deporte que te pueda motivar más o gustar más.

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        Por ejemplo, la natación es un deporte muy recomendado para aquellas personas que son más ansiosas. Al estar en el agua, dejamos de sentir la gravedad y somos más ligeros. Esta sensación de gravedad cero ayuda relajarse y a sentirse más liviano.

bailar

            Otro ejercicio puede ser bailar. Bailar ayuda a liberar tensiones, por lo que nos ayuda a protegernos de la depresión. Asimismo, mejora nuestra autoestima: nos sentiremos más seguros de nosotros mismos y nos veremos más capaces de afrontar situaciones. Además, es una buenísima oportunidad para salir con los amigos a pasar un rato lleno de risas.

¡Muchísimas gracias por leer y hasta la próxima semana!